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dos clientes junto a un telescopio

Aprendiendo a distinguir aves

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Quedé con Machteld and Geert (belga el primero y holandesa la segunda) a las 8 en punto en el Alojamiento Rural Puerta Doñana en El Rocío donde se estaban alojando desde el miércoles. El sol estaba a punto de salir de detrás de las copas de los árboles mientras nos movíamos a lo largo de la Raya Real a través de los pinares de Coto del Rey. Teníamos una visita de día completo por delante y mis clientes querían ver cuanto más posible de Doñana. No eran expertos pajareros pero estaban bien dispuestos a aprender.

La pareja de mochuelos en el alcornoque justo después de pasar el Puente del Ajolí se dejaron ver muy bien como de costumbre. En la pobre luz del amanecer era difícil distinguirlos de la corteza gris del árbol a menos que se movieran. Afortunadamente para mis clientes sus ligeros movimientos fueron suficientes para que se dieran cuenta que el pedazo redondeado del final de la rama era en realidad uno de mis pequeños amigos. Las perdices, como muchos otros pájaros, se mueven ahora en grupos; en este caso de unos 10 o 20 individuos. Los petirrojos se dejaban oír por en abundancia y los mosquiteros comunes se movían nerviosos entre los arbustos, ambas especies son invernantes comunes. Los colirrojos tizones también se veían fácilmente subiendo y bajando de las barras metálicas de las vallas del Parque. Un busardo ratonero (anteriormente ratonero común), sentado sobre una rama muerta de un viejo alcornoque, esperaba los primeros rayos de sol para calentarse un poco y una pareja de cuervos graznaban sobre nuestras cabezas. Paramos el vehículo junto a la valla y salimos para observar un pequeño grupo de gamos que comían bellotas bajo los alcornoques; un gran macho y un par de hembras todavía acompañadas por sus crías que permanecerán con sus madres durante unos 18 meses.

Detuve el coche y paré el motor varias veces durante el recorrido por los pinares de manera que Machteld y Geert pudieran escuchar los cantos y reclamos del verdecillo, curruca cabecinegra, carbonero, herrerillo, mito, pinzón común, agateador común, chochín y curruca capirotada. No se aprenden los cantos de las aves en un par de ratos pero es siempre muy útil que a uno le expliquen las claras diferencias entre algunos de los cantos más sencillos y comunes de nuestros bosques; hacen falta años, yo todavía estoy aprendiendo. Pero una vez que los conoces se convierten en una de las herramientas más utilizadas por el guía ornitológico. ¿Cuántos de vosotros habéis tenido grandes dificultades para conseguir un buen avistamiento de un ruiseñor bastardo? Y sin embargo,  ¿cuántos no dudaríais en identificar su canto?. Saber los cantos de las aves te abre la puertas de un nuevo mundo, al igual que saber de estrellas te abre los ojos a un cielo diferente.

Poco después paramos de nuevo en el habitual punto de observación al borde de la marisma al final del bosque de alcornoques de Matasgordas. Desde allí pudimos observar con entusiasmo las maniobras de caza de una pareja de elanio azul. Un macho de aguilucho pálido volando bajo fue tomado por Geert por otro elanio así que le expliqué que el aguilucho era sensiblemente mayor y usaba técnicas de caza muy diferentes. Un gran bando de varios cientos de jilgueros se levantó de los campos de cardos y un grupo de unos 20 ciervos descansaban en una zona más abierta sin quitarnos el ojo de encima.

Habíamos tenido algo de lluvia al fin a principios de la semana después de casi mes y medio de tiempo seco. Aunque no fue bastante para llenar la marisma había sido muy bien recibida por el conjunto de la población de ánsares comunes invernantes en Doñana. Esa lluvia había reblandecido la reseca arcilla de la marisma lo suficiente para que fueran capaces de extraer los tubérculos de la castañuela y ahorrarse así el viaje en busca de comida hasta los arrozales. Eso es lo que habían estado haciendo cada día hasta ahora. Peligroso viaje porque en el trayecto atraviesan zonas de la marisma dentro del Parque Natural donde está permitida la caza del ánsar común y otras anátidas desde principios de octubre a finales de enero. No tiene mucho sentido el que estos animales estén a salvo a un lado de una valla y sean tiroteados al otro, pero así son las cosas en España en general y en Doñana en particular. Era muy bonito ver los interminables bandos de gansos moviéndose cada mañana. El espectáculo ha terminado pero ahora podemos disfrutar del nuevo espectáculo de miles de gansos esparcidos por toda la Marisma de Hinojos durante todo el día. alondras, cogujadas y terreras marismeñas son abundantes también en las marismas húmedas. Las lavanderas blancas, tarabillas comunes, pardillos y bandos mixtos de jilgueros y verdecillos también son muy comunes a lo largo de las pistas. Me sorprendió ver ese día una collalba gris muy tardía. Los milanos reales y los cernícalos comunes están aumentando sus números y los buitres comunes se ven a menudo en torno a las ovejas, las cuales están dando a luz estos días; avistamientos de alimoches tampoco son raros. No vimos ese día ningún esmerejón, pero ya han llegado, no hay muchos pero se suelen dejar ver la mayoría de los días.

La parada junto al puente sobre el Caño Guadiamar es siempre obligatoria. Desde allí conseguimos buenas observaciones de zampullín chico, calamón, focha común y gallineta común, cigüeñas blanca y negra, garceta grande, garza real, garceta común, garcilla bueyera, andarríos grande, archibebe claro, archibebe común, agachadiza común, cigüeñuela, chorlitejo grande y chico, porrón común y ánade real, aguilucho lagunero y una solitaria hembra de halcón peregrino posada sobre una línea eléctrica. Puse en práctica mis conocimientos sobre cantos de pájaros y mostré a Machteld y Geert un pequeño grupo de ganga común volando sobre nosotros. Normalmente sólo cantan en vuelo y su característica corta y repetitiva nota es fácilmente identificable. Sonaba débil así que estaban obviamente volando muy alto sobre nuestras cabezas. Conseguí encontrarlas, no sin esfuerzo, y enseñarselas, había solo 4 volando hacia el sur a unos 400 metros de altitud con su típico rápido batir de alas.

Una llamada aguda y corta llamó mi atención entre los carrizos. Tenía una teoría acerca de lo que era, pero no estaba seguro. Poco después mi teoría se vio confirmada cuando vi al primer pechiazul de la temporada. Primero lo vi desde atrás así que no podía ver el azul de su pecho pero la habitual cola levantada, la ceja blanca y su silueta le delataron. No hay otro pájaro en invierno con esa clase de melódico, potente y variado canto en esa clase de hábitat así que si lo conoces los puedes encontrar fácilmente si están cerca. La banda rojiza que cruza la cola es también una buena pista si sólo lo ves en vuelo alejándose de ti. Esa especie de corta llamada no me era familiar; sólo los veo en la zona durante los meses de otoño e invierno, así que no es temporada de cría y no cantan demasiado después de llegar y elegir un lugar para invernar. Ese día añadí esa corta nota de llamada del pechiazul a mi lista personal de cantos. Había varios de ellos, quizás 5 o 6, alrededor del puente; se les notaba recién llegados y estableciendo rangos y territorios. Disfrutamos de ellos durante un rato (unos con más y otros con menos azul sobre el pecho) antes de dirigirnos al Centro de Visitantes José Antonio Valverde para tomarnos una taza de café. Desde allí pudimos ver un pequeño bando de flamencos, unas cuantas avocetas en vuelo y varias espátulas.

El plan era tomarse una cerveza y unas tapas en un bar de Isla Mayor y pasar el resto de la tarde explorando los arrozales. De camino tuvimos la oportunidad de ver varios grupos de g alimentándose en los campos de cereal al norte del Parque. Enormes bandos de Calandrias, con su contrastado diseño de cuerpos blancos y alas negras por debajo, ejecutaron su vistosa coreografía para nosotros mientras grupos familiares de buitrones silbaban mientras se movían a corta distancia en frente del coche.

Tomamos espinacas con garbanzos, filetes de mero y estofado de carrillada de cerdo ibérico. Los hombres nos tomamos una copa de Rioja y Geert una de vino blanco local. Dos tazas de café, total 22€, una excelente relación calidad precio.

Después del almuerzo tome dirección sur hacia Cantarita , los arrozales más al sur de la zona pero poco después de dejar el pueblo atrás paré cerca de un campo inundado ya cosechado para observar un gran número de gaviotas reidoras y sombrías, cigüeñas blancas y avefrías. Un tractor estaba arando el campo para mezclar el rastrojo con la negra arcilla y las aves se estaban aprovechando del puré de cangrejas, ranas y peces machacados en el proceso. Había una pista amarilla en buenas condiciones que yo no conocía y que discurre a lo largo del campo en dirección oeste. Todavía necesitaré unos cuantos años más para conocer cada camino de una zona de unos 350 kilómetros cuadrados de arrozales. Además, a veces incluso me encuentro que una nueva pista amarilla (por el albero) ha sido construida sobre las inapropiadas pistas negras de arcilla o alguna otra ha sido desmantelada así que una vez que dejas las pistas principales nunca sabes lo que vas a encontrarte, comienza una nueva aventura. Paramos el coche junto a una vieja casa abandonada con una escalera que subía hasta una terraza que parecía muy útil para echar un vistazo alrededor. Disfrutamos de unas maravillosas vistas de la zona así como de un pequeño grupo de chorlitos grises y encontramos varias cigüeñas negras a diferentes distancias de la casa. La pista terminó por volver a la principal después de atravesar una gran extensión de arrozales así que la exploración fue provechosa.

Un poco más tarde paré el coche de nuevo y paré el motor de nuevo para echar un vistazo a los carrizales de un antiguo brazo del Río Guadalquivir, el así llamado Brazo de la Torre, y los prados junto a él. Encontramos un grupo de calamones que volaban de vuelta a las cañas y varias agachadizas comunes y avefrías. Me acerqué a una densa mancha de tarajes a nuestra espalda para probar si veía en su lugar habitual de descanso a una lechuza común, y la vi volando mientras se alejaba de ellos. Cuando estaba a punto de volver junto a mis clientes oí un largo y agudo canto que conozco bien. Llamé a Machteld y Geert para que se acercaran y trajeran el telescopio. Pudimos observar muy bien un grupo de pájaro moscón que se movían activamente sobre los carrizos. Cuando volvíamos al coche vimos de repente un bando de unos 50 moritos que volaba hacia nosotros; volaron sobre nuestras cabezas a no más de 30 metros y se volvieron por donde habían venido para seguir la línea del Brazo durante varios cientos de metros; cambiaron de sentido de nuevo y se dirigieron de nuevo hacia nosotros para repetir la misma operación. Volvieron a cambiar de sentido una vez que nos sobrepasaron y volvieron a seguir la línea de la vegetación hasta perderse en la distancia después de tomar tierra en las cañas lejanas. Curioso comportamiento que nos dio la oportunidad de observarlos muy bien y de oír su batir de alas.

Una vez que llegamos a Cantarita encontramos un campo inundado lleno de limícolas y vimos allí correlimos menudo, correlimos común, combatiente y un grupo de correlimos gordo. Un poco más allá vimos un águila pescadora y otra más algo más tarde. Un par de martines pescadores se alejaron de nosotros volando mientras cruzábamos algún canal. Se estaba haciendo tarde y no nos quedaba mucha luz, así que decidimos volver. Por el camino, me desvié de la carretera principal y tome una pista para terminar el día con varios cientos de Martinetes que descansaban todavía a lo largo de unos tarajes junto al Río Guadiamar.

Ese fue un estupendo día y así me lo hicieron saber Machteld and Geert cuando les llevé de vuelta a la casa rural.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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