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Panorámica del Caño Guadiamar en verano

Caño Guadiamar en verano

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Una parada junto al Caño Guadiamar estos días se convierte en una experiencia llena de sensaciones. El cauce antiguo del Río Guadiamar, a su paso por las Marismas de Doñana, se convierte cada verano en uno de los pocos reductos de humedad de toda la marisma norteña, un oasis que se convierte en un valioso refugio para miles de aves acuáticas, rapaces y paseriformes durante la estación seca.

Gamos en el Caño Guadiamar

Gamos en el Caño Guadiamar

 

Cuando nos acercamos a los tarajes que circundan el cauce principal alertamos a un pequeño grupo de gamos, que con sus barrigas blancas y su pelaje moteado, se alejan brincando sobre los almajos y castañuelas que cubren el seco y resquebrajado cauce. Se alejan un poco, se paran, se giran curiosos a mirarnos y continúan brincado hasta que se pierden detrás de una pequeña elevación del terreno.

 

Multitud de libélulas revolotean cerca del suelo, los rojos machos y las amarillas hembras parecen buscar alimento sobre las secas matas. Sus parientes azules mucho mayores están al acecho porque ellas les sirven de alimento. Ya no hay mosquitos que nos molesten, pero a unas moscas gordas que nos revolotean les parecemos atractivos. Una pareja de aguiluchos laguneros vuela a baja altura sobre el canal de agua, en busca de algún pato despistado. Su número aumentará gradualmente, con individuos procedentes del norte, conforme bajan las temperaturas. Mosquiteros musicales y papamoscas grises y cerrojillos en migración se esconden entre los tarajes a nuestro paso. Una hembra de colirrojo real y el primer pechiazul de la temporada se esconden también entre la vegetación a nuestro paso.

 

Pequeños grupos de espátulas y gaviotas reidoras y algunas garzas reales sobrevuelan también las estancadas aguas. El inconfundible silbido de una espátula joven pidiendo comida a sus padres llega a nuestros oídos con claridad cuando nos acercamos al cauce. Un grupito de cigüeñas y varios moritos se alejan volando. Cuando llegamos a ver la orilla nos encontramos con algunos archibebes claros y oscuros, combatientes, agujas colinegras y andarríos grandes alimentándose, nuestra presencia en la otra orilla no parece molestarlos.

Una garza real nos sobrevuela y emite uno de sus típicos graznidos, que siempre suena a desaprobación, como si no le gustara que hubiéramos venido a verla. Los gritos más agudos de las gaviotas reidoras que pasan volando y los de una garceta común más lejana nos acompañan mientras observamos un par de flamencos que filtran las aguas de la orilla algo más alejados. No hace apenas viento, así que el sol de media mañana nos calienta la nuca y las pantorrillas.

Águila imperial adulta

Águila imperial adulta

 

Varios buitres leonados comienzan a elevarse en el cielo sobre la lejana Marisma de Hinojos aprovechando las primeras térmicas. De repente otro graznido conocido me hace girar la cabeza. A nuestras espaldas, una pareja de águilas imperiales aprovechan también las primeras corrientes de aire para ganar altura y explorar las marismas. Un pequeño cernícalo primilla de la cercana colonia las molesta para alejarlas del lugar.

Mientras nos entretenemos con unos chiches escudo de color naranja y unos grandes saltamontes nos llama la atención algo que se mueve sobre la orilla seca de enfrente. Se trata de un meloncillo, que se deja ver durante unos segundos entre los juncos. Poco después, mientras observamos a un cormorán que ya llegó del norte para pasar el invierno con nosotros y que se calienta al sol posado sobre una de las señales de zona acotada para la caza, un grupo de 3 jabalíes jóvenes aparecen entre la vegetación ribereña y beben tranquilos en la orilla.

Después nos deleitamos con las maniobras de un precioso joven de aguilucho cenizo que vuela bajo sobre los almajos, oímos los gritos de unas cigüeñuelas que acaban de llegar y posarse cerca del grupo de limícolas. Un grupo de moritos nos sobrevuela y poco después otro grande de unas 50 espátulas. Están tan cerca que podemos oír claramente el sonido del batir de sus alas. Un joven con las típicas puntas de las negras vuela detrás de su progenitor gritándole desesperado de hambre. Un milano real, también recién llegado para pasar el invierno con nosotros, sobrevuela la colonia de cernícalos primilla, produciendo un gran revuelo y una algarabía de gritos.

Águila culebrera en vuelo

Águila culebrera

 

Un grupo de unas 100 cigüeñas blancas vuelan en círculos dentro de una térmica. No parece muy fuerte porque se nos acercan sin ganar mucha altura y cuando están sobre nuestras cabezas podemos oír claramente de nuevo el sonido que emiten al batir las alas. Un águila calzada, inconfundible por las bandas blanca y negra de la parte de debajo de sus alas, también nos sobrevuela a escasa altura, mientras que en la distancia encontramos una gran rapaz de barriga y alas blancas cerniéndose sobre los almajos. No necesitamos más para identificar a una de las águilas culebreras que estos días surca los cielos de Doñana en su viaje migratorio hacia el África subsahariana.

El Caño Guadiamar nos regala una magnífica experiencia del verano en Doñana llena de sonidos e imágenes de sus habitantes.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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