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Carretera a través de la marisma inundada

Doñana en Diciembre

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Llegado este punto del año normalmente ya han caído suficientes lluvias de otoño y las marismas alcanzan un nivel adecuado de inundación, apareciendo ante nuestros ojos como una gran extensión de agua que continúa sin fin hasta perderse en el horizonte. No son raros los días lluviosos, nublados y ventosos pero también solemos disfrutar de abundantes días soleados, con temperaturas que rondan los 15 – 20 grados, en los que las nubes que decoran el cielo se reflejan nítidamente sobre esas aguas calmas que cubren decenas de miles de hectáreas de Doñana. La luz cálida que nos trae un sol que ya no se eleva tan alto nos ayuda a disfrutar de preciosos paisajes dignos de ser capturados en nuestra cámara de fotos. Por la mañana temprano las bajas temperaturas los mantienen limpios de esa especie de neblina de evaporación, que más tarde difuminará las siluetas de los bosques y las dunas móviles que bordea la gran marisma.

Las zonas emergentes ligeramente más elevadas lucen el brillante verde de la hierba que las cubre, poniendo una nota de contraste en el azul dominante del entorno marismeño. Yeguas marismeñas y vacas mostrencas encuentran en ellas alimento y enriquecen nuestra composición paisajística. A ellos se les unen grandes grupos de ánsares que también pastan sobre el verde, acompañados de avefrías, agujas colinegras, combatientes, chorlitos dorados, archibebes y otros limícolas que se alimentan de los pequeños invertebrados que encuentran escondidos entre la vegetación y en las aguas someras.

 

En la lejanía, enormes bandos de pequeños limícolas invernantes como los chorlitejos y los correlimos ejecutan sus coreografías apareciendo y desapareciendo de nuestra vista conforme la posición del bando nos deja ver sus vientres claros que reflejan la luz o sus espaldas oscuras. Grandes bandos de cercetas comunes, patos cuchara y ánades reales también se elevan sobre las aguas alertados por la presencia de algún amenazador aguilucho lagunero o halcón peregrino. Cogujadas comunes, lavanderas blancas y bisbitas pratenses se refugian en los caminos que atraviesan la gran llanura inundada, mientras las tarabillas comunes utilizan las vallas ganaderas como posaderos.

En el Caño Guadiamar y las zonas más profundas de la marisma son las fochas, zampullines chicos y porrones comunes los que vigilan los cielos para escapar del ataque de estos predadores alados. Las garzas reales y garcetas grandes sin embargo parecen ajenos al peligro y rebuscan entre la vegetación algún pez, rana o serpiente acuática despistada que capturar, ante la indiferente mirada del cormorán grande, que seca sus alas en un poste de la valla cercana.

 

Entre las marismas de almajos corren las liebres entre los charcos producidos por las últimas lluvias. La hembra de aguilucho pálido que las sobrevuela las mira con deseo, pero continúa en su búsqueda de una presa más asequible. El milano real desde su posadero analiza con ojos expertos el movimiento de las liebres, en busca de alguna señal de debilidad que las señale como potencial presa. Pero todos ellos son completamente ajenos a que están siendo observados desde las alturas, los ojos que todo lo ven los vigilan, nada escapa a la mirada de la reina de los cielos de Doñana, nuestra águila imperial ibérica, que no se pierde detalle desde su ventajoso puesto de control allá arriba, casi tocando las nubes con las puntas de sus alas.

Búho campestre

Búho campestre

 

En días soleados de años lluviosos, cuando la inundada marisma les ofrece menos lugares de descanso, los búhos campestres se acercan más a los caminos que la atraviesan, regalándonos buenas oportunidades de observación entre los almajos a lo largo de las márgenes de los canales convenientemente orientados al sol. Los alcaravanes buscan protección ahora reuniéndose en grandes grupos invernales en los campos de cereal junto a las marismas, allí se encuentran con grandes bandos de calandrias, alondras y trigueros que abundan también ahora. Cernícalos comunes y primillas los miran a todos con interés desde sus posaderos en las torretas eléctricas, mientras gramos y grullas se alimentan en los cercanos almajales.

Los caminos arenosos que conducen a la marisma desde El Rocío se pierden bajo grandes charcos de agua y junto a ellos los ciervos y jabalíes aún rebuscan las bellotas bajo los alcornoques mientras los grupos de perdices picotean hierbas y semillas. Los brillantes verdes prados bajos los pinos ofrecen abundante alimento a nuestros conejos, que engordan felices e ignorantes ante la malintencionada mirada del rey de nuestros bosques, el lince ibérico, que los acecha escondido junto a un lentisco.

 

Jilgueros, verdecillos, verderones y pardillos hace ya mucho que abandonaron sus zonas de cría en las zonas agrícolas cercanas al Parque y ahora están de vuelta en las tierras abiertas de la marisma junto a los bosques, donde se desplazan en bandos a menudo mixtos alimentándose de las semillas de las resecas matas de cardos. La paloma torcaz se ha agrupado durante las últimas semanas para formar ahora enormes bandadas que sobrevuelan los bordes del alcornocal y las marismas cercanas. Los estorninos negros y pintos también hacen lo propio decorando los cielos de la marisma con sus acrobacias al atardecer.

En los arrozales se han terminado prácticamente las labores de la cosecha y ya sólo se ven a los tractores “fangueando” en algún campo. Grandes bandos de cigüeñas, moritos, limícolas y patos continúan utilizando esta gran extensión de marismas transformadas para alimentarse.

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Todo esto y mucho más encontrarás en Doñana si nos visitas durante el mes de Diciembre. Te esperamos.

 

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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