Showing Doñana since 1990

services

la-madre-flamencos

Doñana en Julio

Por José Antonio Sánchez Iglesias

Publicado en ,

Las temperaturas suben y al hacerlo se endurecen las condiciones de vida para todos los habitantes de Doñana, incluidos nosotros los humanos. Con suerte las máximas no superan los 30º y sin ella puede que superen los 40º.

Las Marismas del Rocío, sin aún conservan algo de agua, se convierten en uno de los puntos más atractivos del Parque, donde se concentran multitud de garzas, cigüeñas, moritos, flamencos, espátulas, milanos negros, cigüeñuelas, agujas colinegras y otras muchas especies para aprovechar el alimento fácil que se les ofrece al bajar el nivel de las aguas. Los últimos charcos se localizan siempre junto al Puente de La Canaliega, sobre el Arroyo de la Rocina. Este también suele albergar grandes concentraciones de aves en su ya reducida lámina de agua; es un buen momento para intentar observar a la esquiva nutria desde los observatorios del sendero del Charco de la Boca.

El aumento de las temperaturas y la escasez de agua no sólo nos traen problemas, el número de mosquitos desciende drásticamente y ya no suponen una molestia durante la visita al Parque. En las marismas son habituales los espejismos, que nos confunden y nos hacen pensar que la marisma sigue inundada en la distancia, que las dunas son mucho más altas de lo que son en realidad o que los bosques se asientan sobre colinas.

En los bosques, los ciervos ya muestran sus cornamentas completamente desarrolladas, en algunos casos ya casi listas para la cercana berrea. Los cigüeñinos en los nidos ya han alcanzado prácticamente en tamaño a sus progenitores, que buscan saltamontes y lagartijas sobre los prados agostados. Las crías de lince se dejan ver más a menudo, y nos permiten  comprobar que ya pesan varios kilos y son capaces de desgarrar ellos solos la carne de las presas que les trae su madre; incluso ya la ayudan en las tareas de caza, aunque mostrando poca destreza claro. Jóvenes milanos negros, con sus pálidas cabezas y su fresco plumaje, ejercitan sus músculos de vuelo y socializan.

Milano negro posado sobre un alcornoque

Milano negro

Milanos y aguiluchos cenizos comienzan a preparar su plumaje para el viaje de vuelta a África que se les viene encima en pocas semanas; ya empiezan a mudar las plumas de sus alas, dejando al descubierto algunos huecos claramente visibles en su silueta en vuelo.

Las fochas, gallinetas, zampullines y ánades reales se afanan en sacar adelante sus últimas camadas y defenderlas de los ataques de los hambrientos milanos negros y aguiluchos laguneros en las lagunas de Jose A. Valverde. También allí suele ser fácil observar bandos de flamencos, cigüeñuelas y agujas. En años buenos todavía incluso puede haber alguna pareja de morito o garceta terminando de alimentar a su tardía pollada. Algunos gamos y grupitos de jabalíes también se acercan a este oasis rodeado de resquebrajada marisma.

Grupo de golondrinas descansando sobre una valla

Golondrinas y algún avión zapador

Sobre cualquier mancha de agua se concentran multitud de inexpertas golondrinas y aviones del año, y los jóvenes jilgueros y verdecillos, con los colores claramente más atenuados que los adultos, engrosan los bandos que se alimentan sobre los campos de cardos. Incluso la gran águila imperial sobrevuela las lagunas casi a diario antes del mediodía en busca de algún pato despistado. En el Rocío, grandes bandos de aviones comunes que se han visto engrosados también con los juveniles del año se concentran sobre algunas líneas eléctricas cerca de las colonias.

Afuera, las marismas tan llenas de vida en primavera, se han convertido en una vasta estepa agrietada en la que pocas especies se plantean vivir. Sólo las cogujadas y terreras, algunos alcaudones y cernícalos, gangas y alcaravanes, milanos negros y cuervos soportan estas duras condiciones. Y los buitres, sobre todo ellos, que están encantados con la dureza de las condiciones que no hace otra cosa que proveerlos de comida fácil a menudo, a medida que el ganado más débil sucumbe a la escasez de comida, el calor y su propia debilidad. A partir de media mañana se suelen observar grande grupos de ellos aprovechando las primeras térmicas para elevarse altos sobre la marisma y explorar decenas de kilómetros a la redonda por alguna señal de comida. Las manadas de yeguas marismeñas emprenden su camino hacia los pilones de agua a media mañana, junto a los cuales quizás encuentren algo de heno que le hayan traído sus cuidadores.

La primavera se ha ido hacia el norte, en los arrozales que rodean a la cercana población de Isla Mayor, se concentran miles y miles de aves zancudas y limícolas para aprovechar los recursos que ofrecen las aguas someras de estas plantaciones. La abundancia de cangrejos, ranas, pececillos, larvas de insectos y otros invertebrados convierte a estas enormes zonas encharcadas en el lugar ideal para que una gran porcentaje de las aves nacidas en el Parque pasen varias semanas acumulando energía, antes de comenzar su migración al sur. Los arrozales son imprescindible hoy día para la conservación de muchas especies de Doñana.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

Todavía no hay comentarios.

Deja un comentario

Comentario


btt