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Campo de arroz recién cosechado con miles de cigüeñas y gaviotas

Doñana en noviembre

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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El otoño nos trae días frescos pero soleados que se alternan con días grises y lluviosos que transforman Doñana pero no la desprenden en absoluto de su belleza, sólo cambian el decorado de un bonito espectáculo. Las Marismas de El Rocío, que se han inundado con las primeras lluvias, atraen a multitud de aves como flamencos, espátulas, cigüeñas, garzas, ánsares y numerosas especies de patos y limícolas. Yeguas, ciervos y la blanca silueta de la Ermita de El Rocío completan un precioso conjunto que seguro quedará inmortalizado en tu cámara de fotos.

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Madre de las Marismas al amanecer con la Ermita del Rocío al fondo

Los colirrojos tizones abundan ya por los tejados y balcones de la aldea, mientras los eneales y carrizales que bordean la marisma se pueblan de nuevo con los recién llegados pechiazules y mosquiteros comunes, compartiendolos con nuestros residentes buitrones y ruiseñores bastardos. Calamones, moritos y fochas también retornan a las someras aguas de la Madre de las Marismas, como este pedazo de marisma es conocido por los locales.

 

Las semillas de gramíneas en los suelos de nuestros bosques reaccionan muy rápidamente a las primeras lluvias, produciendo un tapiz verde que cambia completamente el aspecto de nuestros pinares y alcornocales. Los verdes prados se decoran con las abundantes blancas campanillas de otoño (acis autumnalis) y los rosados azafranes de otoño (crocus serotinus). Los bosques se llenan también con las llamadas y cantos de petirrojos y currucas capirotadas, que han llegado desde zonas más frías del continente para disfrutar de nuestros inviernos más suaves. Zorzales comunes, estorninos y mirlos aprovechan el fabuloso recurso alimenticio que les ofrecen nuestros acebuches cargados de pequeñas aceitunas.

Bajo los alcornoques es fácil encontrar todavía a grupos de ciervos y jabalíes alimentándose de las bellotas caídas. Grandes bandos de palomas torcaces y rabilargos también patrullan los bosques en busca de alimento. Las arenas húmedas nos muestran ahora con claridad las señales de la actividad nocturna de nuestro lince ibérico, que se deja ver por la mañana temprano mientras acecha a algún conejo distraído y de otros mamíferos como el zorro y el tejón.

 

Crecientes grandes bandos de ánsares, que pasan la noche en la seguridad del Parque Nacional, sobrevuelan la vera en su camino a los cercanos arrozales y campos de cereal. Atraídos por la comida fácil, allí se tendrán que enfrentar a los peligros que la apertura de la veda hacia mediados de mes supone para ellos. El número de grullas también continúa creciendo conforme las temperaturas descienden, pero ellas son más afortunadas y visitarán las zonas agrícolas que rodean el Parque con la tranquilidad de no figurar en la lista de especies cazables. Las mandrágoras (mandragora autumnalis) y los narcisos de otoño (narcissus serotinus) decoran los bordes de caminos a la entrada de la marisma.

 

Las Marismas de Hinojos comienzan a verdear e inundarse. Las manadas de yeguas marismeñas disfrutan ahora de la bajada de las temperaturas y la mayor disponibilidad de alimento. Grandes grupos de lavanderas blancas y alondras invernantes comparten ahora la gran extensión arcillosa con nuestras residentes cogujadas comunes, calandrias y terreras marismeñas. Los también recién llegados esmerejones las acechan. El Caño Guadiamar y las lagunas de José A. Valverde suelen tener agua y atraer también a flamencos, espátulas, garzas, patos y limícolas. Los aguiluchos laguneros se dejan ver con facilidad en busca de algún pato o focha despistados.

 

En la marisma de almajos y los campos de cultivo en barbecho es más fácil ahora encontrar a nuestros alcaravanes, reunidos en grupos para el invierno, pasan la mayor parte del día descansando bien camuflados entre la vegetación abierta. Compartiendo con ellos el mismo tipo de entorno no es tampoco demasiado difícil encontrar ahora a uno de nuestros más bellos invernantes, el búho campestre, que utiliza las últimas horas del día para cazar sobre la cubierta arbustiva de las marismas secas. Grandes bandos mixtos de calandrias y alondras se alimentan en los campos de cereal al norte del Parque Nacional, a veces acompañados de grandes grupos de trigueros. También comienzan a reunirse aquí grandes bandos de chorlitos dorados que llegan huyendo de los fríos del norte.

 

La actividad se hace frenética en los Arrozales de Isla Mayor. Cientos de miles de limícolas, garzas, cigüeñas, patos y otras aves, entre los que destacan los grandes bandos de gaviotas reidoras y sombrías, se concentran en los campos recién cosechados. La actividad de cosechadoras y tractores les ofrece una gran cantidad de comida fácil que vienen a aprovechar. El martín pescador se hace común en canales y acequias. Grandes bandos de gorriones comunes y morunos se alimentan también sobre los arrozales maduros.

Gran bando de gorriones morunos

Bando de gorriones morunos

Las agujas colinegras, que se concentran en grandes grupos invernales que ejecutan danzas de bella coreografía sobre los cielos de arrozales y marismas. Algunos individuos rezagados de águila pescadora, águila calzada y águila culebrera, garza imperial, collalba gris, avión común y golondrina común atraviesan aún las marismas y bosques del Parque.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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