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Los ecosistemas de Doñana

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Imagen satélite de Doñana

El Río Guadalquivir y el Océano Atlántico moldearon la antigua bahía localizada en la desembocadura del río y dieron lugar a la región que hoy día conocemos como Doñana. Los sedimentos arrastrados por el río y las arenas empujadas tierra adentro por las corrientes marinas y los vientos llenaron las aguas someras de la bahía para construir un territorio de arenas y arcillas. Hay 3 ecosistemas principales en Doñana: las marismas sobre suelo arcilloso, las dunas y los cotos sobre arenas más o menos estabilizadas.

 

Las Dunas y playas

Una barra arenosa transportada por las corrientes marinas bloqueó parcialmente la bahía somera en la que desembocaba el Río Guadalquivir. Esto contribuyó a la colmatación de esta bahía con los sedimentos fluviales y a la formación de las marismas.  Se cree que los cambios que durante el siglo XVIII realizó el ser humano en la cobertura vegetal  de las otrora estabilizadas arenas fueron en realidad los que las movilizaron y dieron lugar al actual sistema de dunas móviles de Doñana, uno de los mayores y mejor conservados de Europa.

El viento dominante del suroeste, llamado localmente “foreño” empuja la arena hacia el interior, lejos de la humedad de la costa. Una larga playa de fina arena blanca discurre a lo largo de los 30 kms que separan Matalascañas (en la provincia de Huelva) de Sanlúcar de Barrameda (en la provincia de Cádiz), salpicada por antiguas torres vigía en desigual estado de conservación. Algunas especies de plantas como el barrón  (Ammophila arenaria), adaptadas a este difícil substrato, sirven de barrera a la arena, que se acumula en torno a ellas en pequeños montículos llamados dunas embrionarias.

Dunas y pinaresEstas pequeñas dunas van creciendo gracias al continuo aporte de arena procedente de la playa, para construir la primera línea de dunas propiamente dichas. Esta primera línea avanza empujada por los vientos y se hace cada vez más alta conforme se acerca a la marisma, donde finaliza el viaje de la arena seca. En años lluviosos, el agua arrastra la arena de las marismas transportándola de vuelta al mar para cerrar así un ciclo natural.

Se pueden contar hasta 6 de estas líneas de dunas o frentes dunares. Los espacios entre ellas son colonizados por la vegetación, siempre lista para ocupar cualquier nuevo espacio disponible. Se forman aquí pequeños bosques de pinos llamados corrales. Pero los pinos piñoneros (Pinus pinea) no son suficientes para parar el avance de las dunas. Estos son simplemente engullidos por la cabeza de la duna, dando lugar tras su paso a los conocidos como “campos de cruces“, cuando los esqueletos de los viejos pinos enterrados asoman tras la cola de la misma. Tras el paso de la duna nos encontramos con una zona que queda disponible para ser colonizada por la vegetación de nuevo y donde comienza a formarse un nuevo corral de pinos que espera paciente durante decenas de años la llegada de la arena que ponga punto final a su existencia.

Los enebros (Juniperus oxycedrus sub.macrocarpa), resto de la vegetación originaria que se asentaba sobre estas arenas, son sin embargo capaces,  gracias a sus raíces flotantes, de cabalgar sobre las arenas móviles quedando tras su paso coronando altos montículos de arena, como testigos mudos de la experiencia traumática por la que pasaron.

Las dunas se mueven a un velocidad media estimada de unos 3 a 6 metros al año. La llamada Cerro de los Ánsares, la más próxima a la marisma, es la más alta elevándose hasta unos 35 metros sobre el nivel del mar. Recibe ese nombre debido a que en invierno es habitualmente visitada por las mañanas por grandes bandadas de ánsares que, llegados Acantilados de El Asperillode la marisma, vienen aquí a comer un poco de arena para facilitar la digestión de sus alimentos.

A este árido hábitat se adaptan un buen número de especies vegetales como las clavellinas (Armeria pungens) y siemprevivas (Helichrysum picardii) y sobre su moldeable substrato se acumulan a diario las señales del paso de los animales que lo usan como los ciervos, jabalíes, zorros, tortugas terrestres, víboras, lagartijas, ratoncillos y escarabajos.

Al oeste de Matalascañas, ya en el Parque Natural, la morfología de la costa cambia bruscamente, la larga playa arenosa se encuentra aquí escoltada por un acantilado de arenas prensadas, en capas de distintos colores, de varias decenas de metros de altura y un cordón de altas dunas fósiles, las antiguas dunas costeras, asentadas sobre él, es el Acantilado y Dunas de El Asperillo. En algunos tramos el agua y el viento erosionan la blanda pared llegando a producir curiosas formas y cárcavas.

 

Los cotos y bosques

Sobre las viejas arenas dunares estabilizadas que se extienden hacia el norte desde la costa, bordeando la marisma, se desarrollan distintas comunidades vegetales que se adaptan a las distintas condiciones ambientales que dan lugar a un paisaje natural diferenciado que se llama localmente cotos.

En lugares de mayor elevación donde las aguas freáticas permanecen normalmente alejadas de las raíces de las plantas aparece lo que conocemos como monte blanco. Aquí se desarrollan sobre todo especies arbustivas de porte mediano o bajo como son distintos tipos de jaras, entre las que destaca el jaguarzo (Halimium halimifolium) cuyo color gris claro da sentido al nombre dado a esta comunidad vegetal y plantas aromáticas como el romero (Rosmarinus officinalis), la mejorana (Thymus mastichina) y la lavanda (Lavandula stoechas).

En zonas de menor elevación, más cercanas al nivel freático, se desarrollan enmarañadas formaciones de matorral denominadas monte negro. Aquí crecen especies de mayor porte como el brezos (Erica sp.) y brecinas (Calluna vulgaris), tojos (Ulex minor), aulagas (Ulex australis), zarzas (Rubus ulmifolius), mirtos (Myrtus communis) y helechos. El color del conjunto es sin duda mucho más oscuro que en el caso de las comunidades de zonas más secas.

Alcornocal y matorral con palmitos

En el sur, junto a la desembocadura del Río Guadalquivir, se conservan las más antiguas plantaciones de pino piñonero, que datan de finales del siglo XVIII. Sobre las arenas estabilizadas más cercanas a Matalascañas aparecen bien conservados sabinares de la conocida como sabina mora (Juniperus phoenicea), vestigios de la vegetación natural de la zona. También encontramos dispersas una serie de lagunas peridunares, algunas de las cuales están casi perdidas por el descenso del nivel freático y otras aún conservan agua casi permanentemente como las de Santa Olalla y Dulce.

En el norte del parque nacional, en la zona llamada Matasgordas, todavía es posible encontrar algunas manchas bien conservadas del primigenio alcornocal, donde aparece también el acebuche (Olea europaea var. sylvestris) y abundan el lentisco (Pistacia lentiscus) y el palmito (Chamaerops humilis) . Aquí aún sobreviven especies tan emblemáticas de Doñana como el Águila imperial ibérica y el lince ibérico.

 

La marisma y la vera

Este es el ecosistema más extendido con sus casi 30.000 has y el que imprime más carácter a Doñana, que es considerada la mayor zona húmeda de Europa occidental, siendo lugar de cría e invernada de cientos de especies de aves acuáticas. La evolución natural del ecosistema marismeño y las transformaciones humanas del medio, que dieron lugar a la pérdida de 3/4 partes de la marisma natural, han hecho que la antigua llanura aluvial mareal dependa de las lluvias para inundarse cada año. Este es un proceso que se está intentando revertir parcialmente con las actuaciones del Proyecto Doñana 2005, diseñado después de la catástrofe ambiental de las Minas de Aznalcóllar en 1998 y financiado en su mayor parte por la Comunidad Económica Europea.

La marisma de Doñana hoy día es un ecosistema muy cambiante cuyo aspecto depende directamente del ciclo anual de lluvias. Cada verano se seca completamente, ofreciendo un aspecto un tanto desolador aunque no carente de belleza, con las arcillas cuarteadas y la poca vida animal capaz de soportar las duras condiciones de alta temperatura y sequedad. Las primeras lluvias otoñales dan comienzo a un nuevo ciclo anual del agua y entonces las llanuras verdean y se preparan para las inundaciones del invierno.  Sujetas a las oscilaciones propias de nuestro clima mediterráneo, las marismas pueden llenarse adecuadamente de agua cada año o no dependiendo de la cantidad de agua que nos traigan las lluvias. Si la media anual de precipitación de en torno a 600 mm se alcanza o supera, las marismas ofrecen en primavera las condiciones apropiadas para una  buena reproducción de las aves acuáticas.

 

Durante los meses de marzo, abril y mayo las marismas suelen presentar su mejor aspecto, con grandes extensiones cubiertas de vegetación acuática que ocultan la lámina de agua y manchas blancas de flores que flotan sobre ella. En esa densa vegetación se ocultan garzas, patos, somormujos y fochas y grandes bandos de flamencos se alimentan.

Las desigualdades del terreno en la aparentemente horizontal gran planicie conducen a la diversificación de las características del suelo, dando lugar a distintos paisajes con sus distintas comunidades vegetales y animales. En las zonas bajas aparece la marisma dulce, donde la elevada profundidad del agua hace que disminuya el contenido en sal y permite el desarrollo de grande tapices de vegetación donde abundan la castañuela (Scirpus maritimus) y el bayunco (Scirpus littoralis).

En otras zonas aún más bajas llamadas localmente lucios, donde el agua tarda más en secarse cuando llega la estación seca, la sal se concentra dificultando el crecimiento de algunas especies y favoreciendo el de otras como el candilejo (Juncus subulatus). El nombre dado a estos lugares proviene del hecho de que cuando se secan en verano se crea una costra de sal sobre el terreno que refleja la luz  y hace que la zona luzca, brille en la distancia.

Caño Guadiamar en primaveraLos caños son los brazos de río por donde transitaba el agua en el antiguo Delta del Río Guadalquivir. Aún conservan su funcionalidad parcial y todavía distribuyen el agua de lluvia por la marisma para inundarla en invierno, como así ocurre particularmente con el Caño Guadiamar. El bajo contenido en sal, lavada por el agua corriente durante siglos y su mayor profundidad ofrece condiciones favorables para otro tipo de comunidades vegetales. Hoy día crecen aquí grandes manchas de enea (Typha latifolia) y carrizo (Phragmites australis), donde se esconden polluelas y calamones y crían los moritos, garzas imperiales y aguiluchos laguneros entre otras muchas especies.

Bordeando al gran Río Guadalquivir, nos encontramos con una franja de marisma mareal ocupada por plantas capaces de vivir en ambientes muy salinos. En esta zona domina una planta invasora de origen sudamericano, la espartina (Spartina densiflora), que compite exitosamente con nuestras plantas autóctonas e incide sobre la dinámica de sedimentación en la marisma, debido a su alta densidad de tallos y su elevada tasa de propagación.

Las zonas más altas, sólo unos centímetros más elevada que el resto, componen lo que se viene a llamar marisma seca, estas permanecen la mayor parte del año libres de agua, apareciendo como una gran estepa salina donde dominan las quenopodiáceas como el almajo salado (Arthrocnemum macrostachyum) y el almajo dulce (Suaeda vera). Aquí se alimentan y reproducen una gran variedad de especies esteparias de aves como las cogujadas comunes, las calandrias, las gangas ibéricas y los alcaravanes.

Hay algunas zonas aún un poco más altas llamadas vetas,  a menudo formadas por acumulaciones de arena aluviales, que raramente se inundan. Estos son lugares ideales para la cría de especies como el flamenco y los fumareles y limícolas como la avoceta, la cigüeñuela, la canastera, la avefría y los chorlitejos patinegros. Los antiguos ganaderos pobladores de la marisma solía construir sus chozas aquí, para mantenerse a sí mismos y a su ganado a salvo de las grandes crecidas.Alcornoque con nidos de cigueña

A todo lo largo de la zona de contacto de las arcillas marismeñas con las arenas de dunas y cotos encontramos una estrecha franja de terreno de una gran importancia, cuya anchura puede llegar a alcanzar muchos cientos de metros. Es lo que llamamos  la vera, zona de pastizales y junqueras. Aquí, el agua acumulada en el manto freático debajo de las dunas, aflora lentamente y se acumula sobre las arcillas de la marisma, incluso durante el verano, atrayendo a multitud de animales que no pueden encontrar ninguna otra fuente de agua durante la estación seca. Es también aquí donde nos encontramos con las famosas Pajareras de Doñana, viejos alcornoques sobre los que cada primavera garzas y espátulas construyen colonia de cría.

En ocasiones nos encontramos, siendo visibles sólo en verano cerca del borde marismeño, con suaves depresiones en la planicie donde el agua filtrada de las arenas aflora, estos son los llamados ojos.

 

Bosque en galería

Capítulo aparte merece esta formación vegetal única en Doñana que se desarrolla a lo largo de las márgenes del Arroyo de la Rocina, que desemboca en la marisma muy cerca de El Rocío. Aquí densas formaciones dominadas por sauces (Salix sp.) y arraclanes (Frangula alnus)  forman enmarañadas selvas tapizadas de masiega (Cladium mariscus) y helechos y guardadas por bandas de zarzas (Rubus ulmifolius), vides silvestres y madreselvas (Lonycera sp.). En los ricos suelos de las zonas más altas de los márgenes crecen centenarios alcornoques acompañados por pinos piñoneros, madroños y álamos blancos. El lugar más fresco para dar un paseo en verano.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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