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Fochas con pollos

Las fochas no saben contar

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Las lluvias llegaron este año algo más tarde de lo normal, de manera que las marismas se llenaron de manera adecuada pero mucho más tarde de lo habitual. Esto hizo que los pájaros comenzaran a pensar en las tareas de reproducción también mucho más tarde de lo que suele ser normal. Como resultado, este año tenemos en Doñana unas marismas que ofrecen en mayo paisajes más típicos de las marismas en abril o incluso de marzo. Las previsiones meteorológicas nos anuncian nuevas lluvias, con lo que las condiciones favorables para la reproducción de las aves se va a alargar este año de una manera poco corriente.

 

Marisma con castañuela y ranúnculos acuáticos

Estos primeros días de mayo las temperaturas se están manteniendo frescas y agradables y tenemos grandes extensiones inundadas con buena profundidad de agua, en muchas zonas cubierta por extensas praderas de castañuela y grandes manchas de ranúnculos acuáticos. La marisma luce grandiosa y ofrece a los visitantes de Doñana un maravilloso espectáculo natural.

Durante nuestra visita al Parque de hoy nos asomamos a la vera, justo antes de abandonar los Alcornocales de Matasgordas, que nos dan paso a la gran planicie abierta de las Marismas de Hinojos. Grandes alcornoques centenarios apoyan sus raíces en las últimas arenas y dejan colgar sus ramas sobre los primeros suelos arcillosos encharcados, cubiertos de un denso manto verde de plantas acuáticas. Grandes manadas de ciervos pastan aquí tranquilamente durante las primeras horas de la mañana, acompañados a veces por pequeños grupos de jabalíes, que hozan entre el fango. Aquí y allí algunas garcillas bueyeras utilizan las espaldas de algunos de ellos como oteadero, saltando de manera oportunista sobre algún insecto que se aleja de los pies de su posadero móvil. Las cigüeñas blancas de los nidos cercanos también buscan en la alta pradera la comida con la que alimentar a sus pollos de pocos días, cuyas cabezas ya asoman entre el ramaje de sus nidos.

La vera con alcornoque y clavellinas

Garzas reales, ánades frisos y azulones saltan a nuestro paso conforme avanzamos por las primeras zonas inundadas. Las primeras risas de zampullín chico y los primeros moritos y garcetas comunes nos dan la bienvenida a la gran llanura verde. Jilgueros, verdecillos, cogujadas montesinas y trigueros abundan a lo largo del borde de la pista que se adentra en ella. Las parejas de perdices ya preparan sus nidos y las liebres corretean unas detrás de otras emocionadas con sus juegos amorosos.

Al franquear la Cancela de la Escupidera observamos los primeros grandes grupos de flamencos, que abundan por doquier en la lejanía. Dos parejas de averfrías, que han decidido quedarse con nosotros este año, levantan el vuelo al paso de un milano negro que amenaza sus nidos, escondidos cuidadosamente entre los pequeños almajos que cubren una zona seca de la marisma. Junto a ellas, las primeras cigüeñuelas ya empollan sus huevos, sentadas sobre sus plataformas de palitos construidos sobre las aguas más someras. Ellas también se levantan y se lanzan agresivas sobre el predador. Más congéneres se unirán en los próximos días para formar una pequeña colonia; cuantos más sean mejor protegida estará de los peligros del cielo.

 

Las primeras garzas imperiales abandonan su seguro escondrijo en la pradera de castañuela, alertadas por el paso de nuestro vehículo. Nos llama la atención también el inconfundible canto de las canasteras y las gangas ibéricas, que nos sobrevuelan a poca altura. Pero son los aláudidos los que interpretan la parte principal de la banda sonora de la marisma. Cogujadas comunes, terreras comunes y marismeñas y calandrias, entonan sus melodías de cortejo a todo nuestro alrededor. Un macho de calandria se luce desde su posadero en uno de los postes de la valla ganadera. Es sin duda el mejor sonido de la marisma, su canto no tiene igual, sobre todo cuando deja de imitar a sus primas las terreras y cogujadas, y se decide a interpretar sus propias notas musicales. Una maravilla para nuestros oídos.

Bandos de flamencos y moritos en formación nos sobrevuelan procedentes de las marismas lejanas, donde la actividad es incesante, allá donde miramos encontramos grupos de aves volando o medio ocultos por las altas hierbas . Grupos de espátulas y garcetas grandes se alimentan medio escondidas entre la vegetación, mientras un pelotón de fumareles cariblancos vuela a baja altura sobre las zonas de aguas abiertas. Cuando encuentran algo de su interés, se detienen cerniéndose como un cernícalo para fijar su presa y se dejan caer sobre ellas, zambulléndose durante un instante, para levantar vuelo de nuevo con un pequeño pez en su pico.

fumarel cariblanco cerniendose

Fumarel cariblanco

En el entorno de Puente sobre el Caño Guadiamar la actividad es frenética. Zampullines cuellinegros y somormujos lavancos construyen sus nidos flotantes entre carrizos y bayuncos. Algunas gallinetas y calamones ya alimentan a sus pollos, aunque estos no se dejan ver fácilmente. A los que si vemos a menudo es las familias de fochas. Madre y padre se afanan en conseguir pequeños trozos de algas para ofrecérselos amorosamente a sus polluelos de cabeza roja. Las polladas están compuestas normalmente por 6, 8 o hasta 10 de ellos. Pero este gran número de descendientes no es más que una estrategia de la naturaleza para asegurar el éxito de la reproducción. Mientras los observamos con emoción, un gran milano negro aparece desde detrás nuestro y se cierne sobre las aguas abiertas junto a la vegetación donde las fochas se alimentan. Un gran revuelo, y un segundo después lo vemos levantar vuelo de nuevo con uno de los pequeños entre sus garras. Se cambia el polluelo de garra y, con la precisión de un cirujano, clava sus garras sobre su blando craneo para provocarle una rápida muerte. La naturaleza también nos ahorra injustificados sufrimientos.

Milano negro posadoLa familia al completo, que se había escondido entre las hierbas, sale al poco de nuevo como si nada hubiera pasado. Ninguno de ellos parece afectado, ¿se han dado cuenta de lo que les acaba de pasar?, nos preguntamos. Todos vuelven a sus tareas. Los hermanos del pollito desaparecido continúan recibiendo sus pizcas de algas verdes de los picos de sus padres. Estos continúan zambulléndose para buscarlos, aparentemente inalterados por lo que acaba de suceder. Sólo nosotros parecemos haber sufrido daño, nos duele haber sido testigos de uno de esos duros eventos, tan habituales en la naturaleza. Una naturaleza que parece no haber dotado a las fochas con la capacidad de contar, pensamos, es la única explicación que podemos encontrar para justificar tal insensibilidad por parte de esos amorosos padres. O quizás la sabia naturaleza seleccionó a propósito esa insensibilidad ante tales desgracias, la cuales marcan su vida diaria durante la época de cría.

La vida en la marisma sigue su curso, y nosotros continuamos observándola, aunque con el estómago un poco escondido en adelante.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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