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Panorámica de las calles de El Rocío

El lejano Oeste Europeo

Por Lucía Lozano Villarán

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Como era previsible estamos teniendo una primavera preciosa en Doñana después de las abundantes lluvias del invierno. Se ha retrasado en llegar, eso sí, y se nota mucho ahora, sobre todo en lo que se refiere a insectos y reptiles, que aún no son tan abundantes como suelen ser en esta época del año. Sólo ahora está aumentando el número de mariposas, libélulas y serpientes en el campo. La parte buena que hasta ahora la marisma ha estado prácticamente libre de mosquitos; hoy he tenido que usar protección contra los primeros; las bajas temperaturas nocturnas que hemos tenido hasta ahora los ha mantenido a raya. Nada en cualquier caso que no se arregle con un poco de protección.

La marisma del Rocío presenta un aspecto inmejorable; flamencos, espátulas, garzas, moritos, fumareles, pagazas y patos colorados son visitantes habituales. En los pinares de Coto del Rey los prados siguen verdes y las flores abiertas. El del ruiseñor es el canto dominante, pero no hay especie de ave que no se deje oír estos días: chochín, ruiseñor bastardo, curruca cabecinegra, carbonero, herrerillo, agateador, pinzón, mirlo, rabilargo. Los milanos negros tampoco pasan desapercibidos, por supuesto, ni tampoco las águilas calzadas. El lince se deja ver a menudo, raro es el día que no hay algún avistamiento de alguna de las empresas que realizan esta ruta.

Las obras de mejora de los caminos de cara a la cercana Romería del Rocío están muy avanzadas. Muchos miles de personas esperan con impaciencia la llegada de la gran fiesta cada año para pasar unos días de excesos y diversión en El Rocío. Dicen que este pequeño pueblo construido en torno a la famosa ermita parece un pueblo de las películas del Oeste Americano, los que vivimos aquí estamos de acuerdo, se parece en todo a uno de esos pueblos lleno de pistoleros donde la ley brilla por su ausencia, lo único que parece faltar es que los jinetes lleven pistola al cinto. Y es que si algo atrae todos los años al Rocío a tan alto número de personas no es otra cosa que la absoluta libertad que se les da de hacer lo que quieran, y los que vivimos aquí lo sufrimos cada día. En otro momento os daré más detalles.

El caso es que unos pocos esperamos también todos los años con impaciencia la llegada de la Romería pero por motivos completamente diferentes, el primero es para que al fin se arreglen un poco los caminos al Parque y el segundo para coger unos días de vacaciones lejos de aquí mientras otros se arremolinan en las polvorientas calles del Rocío. El vado que se construyó para salvar los destrozos del invierno se ha mejorado hasta convertirlo en un paso bastante decente. Los trabajos de mejora de los accesos al Centro de Visitantes de José Antonio Valverde están muy avanzados y ello ha mejorado claramente la calidad del servicio que prestamos las empresas de visitas al Parque.

De vuelta a lo que más nos interesa, os cuento que lo primero que llama la atención al entrar en la Marisma de Hinojos por el norte es la gran cantidad de garzas, garcillas, garcetas, espátulas, flamencos y martinetes que decoran la marisma en toda su extensión. Hoy en concreto hemos encontrado una concentración excepcional de muchos miles de  flamencos. Cabe destacar entre ellos una Garza Real melánica y una preciosa garceta dimorfa que se han visto en los últimos días. También llaman la atención los numerosos bandos de pequeños limícolas que siguen atravesando Doñana. Las especies más abundantes son chorlitejo grande, correlimos común, correlimos zarapitín, correlimos menudo y nuestro reproductor del grupo, el chorlitejo patinegro. Poniendo conocimiento y paciencia se puede encontrar también entre ellos el escaso correlimos de Temminck. También tenemos estos días un gran número de chorlitos grises en paso, mostrando sus fabulosos plumajes de cría.

Canasteras, Cigüeñuelas y Avocetas también son muy abundantes y se las puede observar ya a corta distancia sentadas sobre sus nidos. Las calandrias, terreras y cogujadas llenan la marisma con sus melódicos cantos,  mientras las Lavanderas Boyeras entonan sus, en comparación, simples llamadas. Ya en el Caño Guadiamar, son los carriceros tordales, carentes de modestia alguna, los que dirigen la banda sonora, con el acompañamiento inestimable de calamones, fochas, pollas de agua, zampullines chicos, avetorillos y buscarlas, cuya timidez se hace evidente y a los que cuesta no pocos esfuerzos ver. Los patos colorados, porrones comunes, ánades reales, somormujos, fumareles y pagazas surcan o sobrevuelan las aguas cubiertas en gran parte por la castañuela, el bayunco, las eneas y los carrizos.

Afinando la vista se pueden disfrutar estos días de las cabalgadas de las ralladas crías del somormujo sobre las espaldas de sus padres; o de los pequeños zampullines echados sobre sus nidos anclados a una rama de taraje, que al menor aviso de peligro inminente cubren con un rápido movimiento sus huevos con un poco del material de sus nidos flotantes para ocultarlos a posibles predadores; o quizás a las fochas alimentando a sus graciosas crías de cabeza roja con pequeños porciones de algas extraídas del fondo de la marisma. Con un poco más de suerte incluso puede llegar a observarse el incansable trabajo de construcción del nido de un carricero desde los ventanales del Centro de José Antonio Valverde.

Allí desde luego no faltan las escenas espectaculares. La colonia continúa con una actividad incesante de alimentación de pollos, construcción de nidos, disputa del espacio, conversaciones de amor y discusiones de tono elevado de competidores acalorados. Aquí, en este lejano oeste europeo, tenemos la suerte de tener esta maravilla de la naturaleza a disposición de sus visitantes, sin duda alguna es el lugar que no hay que perderse si se decide visitar Doñana.

Antes de terminar quería compartir con vosotros el pequeño momento de felicidad que supone para cualquier aficionado a las aves la observación por primera vez de una especie. Se trata de un correlimos canelo que entró de repente el otro día en el campo visual de mis prismáticos mientras examinaba un grupo de limícolas. Para los que tenemos los ojos entrenados lo diferente enseguida destaca, averiguar exactamente qué es puede no ser tan fácil. El caso es que tanto el pasado día 7 como el 8 encontramos un individuo de esta especie alimentándose sin descanso entre la hierba corta cercana a una zona encharcada llena de limícolas. Sus largas patas amarillentas y su pecho de un bonito color canela enseguida encendieron mis alarmas. Confirmado al segundo día con unos clientes americanos, esta será probablemente una de las pocas observaciones, si es que ha habido alguna antes, de estas especies en Doñana. Sorpresas te da Doñana…

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