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Lluvia de colores otoñales en Doñana

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Huellas de la Lince Fagínea y sus cachorros

Huellas de la Lince Fagínea y sus cachorros

Había dejado de llover durante la noche y una niebla densa cubría esta mañana bosques y marismas. Fagínea y sus dos cachorros habían estado paseando es mañana temprano justo al lado de donde habíamos parado el Land Rover para observar los gamos, ciervos y jabalíes comiendo bellotas bajo los alcornoques, sus rastros eran claramente visibles en la arena húmeda.

Petirrojos, Currucas Capirotadas y Mosquiteros animaban los pinares con sus cantos, acompañados por los también muy comunes pero más discretos Colirrojos Tizones y Zorzales Comunes, cuyos números han aumentado muy rápidamente estos días al haber sido empujados hacia el sur por el mal tiempo en el norte de Europa y España.

El Otoño se nos echa encima y con él las esperadas lluvias que por fin están comenzando a inundar nuestras marismas.
A nivel del suelo, a la mandrágora le ha salido un duro competidor, el Narciso de Otoño (Narcissus serotinus Loefl, variedad del Valle del Guadalquivir), que comparte a veces su nombre común con el Cólquico o Azafrán bastardo, que ya también comienzan a dejarse ver.

Las lluvias de Octubre le han sentado muy bien y ahora acompaña a la mandrágora  en los bordes de caminos en la marisma y tapizando grandes extensiones en algunos prados entre almajos al norte del Parque y en otros no lejos de él como estos de la foto en la Dehesa de Pilas. Las setas también comienzan a proliferar en nuestros bosques.

 

Prado de Narcisos

Prado de Narcisos

En la Marisma de Hinojos los Elanios vuelven a flotar sobre la vera y los Aguiluchos Pálidos a patrullar los prados de hierba corta en busca del mismo tipo de presa, pequeños mamíferos despistados. Enormes bandos de Jilgueros, a veces mixtos con Verdecillos y algunos Pardillos y Verderones, se mueven por los campos de cardos y la marisma como si fueran enormes nubes de mosquitos gigantes. Cuando se posan sobre las vallas ganaderas es como si les hubiera llovido del cielo gotas gordas de color verde, rojo, marrón y negro.

Cuando abandonamos los Alcornocales de Matasgordas la niebla queda liberada por fin de las fuerzas que la mantenían pegada al suelo y se eleva hecha jirones, que parecen disgustados por abandonar su cómodo descanso en las húmedas y oscuras arcillas. Las vallas de la Escupidera son siempre una buena fuente de rapaces; las últimas Collalbas Grises aún se posan en ella, junto a las omnipresentes Cogujadas Comunes. Después de varios Cernícalos Comunes, un Milano Real, una pareja de Cuervos y una hembra de Halcón Peregrino, el recorrido de nuestros prismáticos, que nos pasea como un equilibrista a lo largo del alambre, nos lleva hasta una pareja de Águilas Imperiales adultas que nos hacen llegar los inconfundibles destellos de sus blancas hombreras en la distancia.  Incluso en la lejanía, nos transmiten su magnificencia.

Bandadas de Ánsares nos sobrevuelan, ahogando con sus graznidos los delicados cantos de Cogujadas y Calandrias, que vienen de la marisma del Rocío y los prados cercanos, donde han pasado la noche, y se dirigen a los cercanos arrozales de Hato Blanco, como hacen cada mañana, donde aprovecharan los granos de arroz caídos en los campos cosechados.

Bando de Ánsares

Bando de Ánsares

Atravesamos la gran Marisma de Hinojos y tomamos un merecido descanso en el Centro de Visitantes de José A. Valverde, donde cada vez son más numerosos los bandos de Ánades Reales y Patos Cuchara; Cercetas Comunes, Ánades Frisos y algún Ánade Silbón también han llegado ya. Fochas, Gallinetas y, sobre todo, un gran número de Calamones, animan las eneas agostadas por el duro verano. Un Águila Imperial sobrevuela las marismas al sur del centro, junto con un gran bando de Buitres Leonados, que aprovechan las primeras corrientes cálidas de aire ascendente para explorar el Parque desde las alturas por alguna presa apropiada.

Nos ponemos en marcha de nuevo y al poco paramos el Land Rover cerca del Lucio del Lobo ante el encuentro inesperado de  un Águila Culebrera, sorprendentemente todavía en migración. Se trata de un individuo joven del año que parece haberse retrasado considerablemente al resto de la especie. Mientras la observamos, un pequeño bando de Grullas nos anuncian su presencia a través de sus característicos arrullos. Ellas también se han visto empujadas al sur por los fríos norteños. Nos alegra verlas de vuelta.

Continuamos hacia el Este atravesando la Finca de Caracoles, donde intentamos avistar algún Búho Campestre, que ya deben estar por nuestra zona también, pero no lo conseguimos. Lo que sí conseguimos es sorprender a un grupo de Alcaravanes que reposaba su duermevela en un pequeño claro entre los almajos. Giramos entonces hacia al norte al llegar a Entremuros. Manchas de niebla tardía aún nos ocultan los arrozales de Isla Mayor, a donde nos dirigimos. La hilera de tarajes y la valla que bordea el camino son habitualmente muy productivos en termino de aves, tanto pequeños paseriformes como de rapaces. Bandos de Gorriones Morunos y Trigueros, las incansables maniobras de recién llegados Mosquiteros Comunes y las escuetas conversaciones entre las abundantes Tarabillas Comunes nos mantienen entretenidos. Cernícalos Comunes y Busardos Ratoneros, cuyos números no han dejado de aumentar, nos aguantan el paso hasta que los saludamos desde el interior del vehículo a nuestro lado, antes de despegar y alejarse sin decir adiós.

Búho Chico camuflado

Búho Chico camuflado

Y de repente, un bulto sospechoso de color marrón claro dentro de uno de los arbustos, hago retroceder el Land Rover unos 15 metros para descubrir al responsable de la silueta, una Lechuza Común a la que le ha parecido suficiente la cobertura de un taraje para pasar el día. Ha visto pasar ya varios coches hoy, seguro, así que el paso del nuestro no supone ningún problema, pero sí se sorprende de que en este caso el sonido del motor dure y se mantenga en el tiempo – o al menos parece sorprendida de vernos – bromeanos mientras disfrutamos del agradable encuentro. Pero más sorprendidos nos quedamos nosotros cuando sólo unos 50 metros más adelante otro bulto sospechoso en otro de los arbustos resulta ser esta vez un alucinante Búho Chico, cuyas puntiagudas orejas y anaranjados ojos comienzan a mostrar signos de nerviosismo a los pocos segundos, por lo que enseguida continuamos nuestra marcha antes de provocar la incómoda huida de la rapaz nocturna durante nuestro soleado día.

Continuamos nuestro camino hacia Isla Mayor y nos cruzamos con grandes bandos de Golondrinas y Aviones, que todavía continúan pasando tardíamente por Doñana camino de África. En la Casa Bomba levantamos a nuestro paso varias Cigüeñas Negras y Garcetas Grandes que acompañaban a un buen número de Cigüeñas Blancas. También tenemos la suerte de encontrar una impresionante Águila Pescadora sobre un poste eléctrico que echa a volar en cuanto paramos el coche. Poco después la encontramos de nuevo, esta vez con un gran pez entre sus garras listo para ser tomado como almuerzo.

Algunas de estas preciosas aves pasan el invierno con nosotros, suele tratarse de individuos no maduros sexualmente que se ahorran así un largo viaje a sus habituales cuarteles de invierno en el África subsahariana.

Águila pescadora con su presa

Águila pescadora con su presa

Continuamos hacia el norte a lo largo de la margen derecha de Entremuros desde donde accedemos al Vado de los Vaqueros, que atraviesa el encauzamiento del Río Guadiamar. Afortunadamente las aguas todavía no lo cubren y podemos pasar sin ningún problema. Una Garcilla Cangrejera, escasas normalmente en esta época del año se levanta a nuestro paso. Pocas acuáticas hay más atractivas que esta pequeñas zancuda durante la época reproductora: sus picos azul cobalto no tienen parangón en el mundo de las aves.

Al otro lado del vado nos encontramos con una enorme extensión de campos de arroz cosechados que se pierde en la lejanía. El plan es dedicar la tarde a explorar los cultivos del extremo sur de la zona arrocera de Isla Mayor, después de una merecida parada para almorzar. El restaurante El Tejao, en el pequeño pueblo de Isla Mayor (antiguo Villafranco del Guadalquivir), en el que he confiado durante los últimos doce años para hacer degustar a mis clientes algunos de los platos típicos de la zona. Si no habéis estado allí nunca, os recomiendo sus espinacas con garbanzos, sus pimientos con camarones, su carrillada, su fideuá y sus arroces por supuesto; estupenda calidad a un precio increíble. Se trata de una perfecta mezcla de éxito asegurado: disfrutar de la naturaleza y de la gastronomía local.

Campo arroz cosechado

Campo arroz cosechado

La mayoría de las tablas de arroz han sido ya recolectadas, de manera que todo lo que queda de las brillantes verdes praderas del verano son unos campos de paja amarilla de unos 20 cm de altura, surcada por los canales llenos de agua que las ruedas de las cosechadoras han marcado en el blando fango. El olor dulzón característico de los arrozales en verano también ha dejado paso al típico olor acre de la materia orgánica en descomposición, que se acumula en la arcilla gris oscura casi negra de estas marismas domesticadas por el hombre desde principios del siglo pasado.

Garzas, garcetas, garcillas, cigüeñas y gaviotas encuentran aquí un verdadero paraíso de invierno; todo el alimento que necesiten al alcance del pico, siendo el cangrejo rojo americano una de sus principales presas.

En esta vasta zona de unas 35.000 has. de cultivos encharcados nos guiamos por las nubes de aves que se arremolinan en torno a los tractores que están realizando ahora las labores de “fangueo”; se trata de mezclar todos esos restos de paja resultantes del trabajo de las cosechadoras con el fango para acelerar su reciclado y sirvan de abono natural para la cosecha del año siguiente. Auténticos ejércitos de aves persiguen a estos tractores equipados con ruedas metálicas para aprovecharse de todos los invertebrados que quedan al descubierto a su paso. Son lugares excelentes para la observación de aves.

Pechiazul

Pechiazul

En nuestro camino hacia el sur disfrutamos a menudo con los destellos azulados en los que se convierten los Martines Pescadores que levantamos a nuestro paso a lo largo de los canales de drenaje, pero una de mis metas en este tipo de hábitats en esta época del año es el atractivo Ruiseñor Pechiazul (el Pechiazul de toda la vida). Después de varios kilómetros de desgastar los ojos entre los carrizos, por fin podemos observar uno de estos visitantes habituales de invierno.

A la llegada a la finca de Cantarita, que linda ya con el Parque Nacional por el sur, observamos como esperábamos grandes concentraciones de limícolas, Ánsares y Grullas, además por supuesto de los ya habituales bandos de Cigüeñas Blancas. Al ser los arrozales más alejados soportan menos tráfico y molestias para las aves, por lo que es allí donde suele encontrarse una mayor densidad de ellas durante esta época del año.
Una parada junto a uno de estos campos atestados de pequeñas aves acuáticas nos produjo la escena alucinante de un bando de unas 50.000 Agujas Colinegras ejecutando su mejor número ante nosotros. Aquí podéis ver el vídeo que grabamos del Bando de Agujas Colinegras.

Continuamos hacia el sur, atravesando los campos de arroz, llenos ahora de Ánsares y Grullas, que eran vigilados a cierta distancia por un grupo de locales muy interesados en ellos. Alguno usaba sus prismáticos, igual que hacíamos nosotros, aunque su interés distaba mucho de ser del mismo tipo que el nuestro. En apenas una semana se abre la veda, y para muchos de los ahora felices y tranquilos animales comenzará el peor momento de sus cortas vidas.

Intentando alejar tales incómodos pensamientos y sensaciones de nuestras cabezas, seguimos adelante hasta llegar de nuevo a Entremuros. Desde lo alto del fangoso muro podíamos otear 360º alrededor nuestro; desde allí contemplamos la gran cantidad de Ánsares que ocupaban los campos cercanos. En dirección oeste, hacia el Parque Nacional, exploramos los cables de un antiguo tendido eléctrico que se perdían en la lejanía. Un ratonero, varios Cernícalos, un Milano Real, un Halcón Peregrino y, algo más allá, dos siluetas que, a pesar de estar bastante más lejos, aparecían a nuestra vista enormes. A través del telescopio confirmamos nuestras sospechas: dos individuos adultos de Águila Imperial, reinando sobre su vastas posesiones marismeñas.

Al poco, sobre las 17:30, tuvimos que dar media vuelta y mirar el este, atraídos por los graznidos de los ánsares. Se ponían en marcha; alzaban el vuelo de repente, como si obedecieran una orden impartida por algo desde los cielos. Y comenzaron a pasar sobre nuestras cabezas, bando tras bando, cientos y cientos de ellos; no, miles y miles. Todos en dirección a nuestra pareja de Águilas Imperiales, hacia el Parque donde, al menos esta noche, estarán a salvo de “los que los vigilan”. Aquí podéis ver el vídeo que grabamos del vuelo de los Ánsares.

Nosotros, con nuestras inquietudes sobradamente satisfechas y nuestros sentidos saturados de tanta belleza, emprendimos el camino de vuelta a casa.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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