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Pepa y Paca. Una historia de desidia y desamor

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Pepa y Paca viven debajo de un precioso pino piñonero, pero no cualquier pino piñonero, sino un pino piñonero de Doñana. Ya quisieran muchos estar en su lugar; pero ellas no están allí por elección propia, Pepa y Paca están allí porque algún desaprensivo las dejó allí, las abandonó como el que abandona a un perrillo que ya no se quiere, las arrojó lejos como hacen muchos con las cosas que ya no les sirven.

Esto ocurrió hace ya mucho tiempo, su otrora piel lustrosa y brillante, ahora ha perdido viveza y muestra los efectos del paso del tiempo y de una larga vida a la intemperie; la generosa copa de su querido pino piñonero no es suficientemente densa como para protegerlas del frío y la lluvia, ni del sol a primeras horas de la mañana y últimas horas de la tarde.

Ellas sueñan todos los días con reunirse con sus compañeras allá donde estén, pero tienen la mala fortuna de haber ido a caer en mal lugar. Otras fueron más afortunadas y el azar les deparó un lugar preferente en las arenas del famoso Parque Nacional, al otro de la valla, en la renombrada Raya Real, allí donde sus cuidadores se afanan en hacer su trabajo y, aunque con cierta pereza y desinterés, consiguen reunir a muchas de sus congéneres y trasladarlas a donde deben estar. Pero Pepa y Paca no nacieron con estrella, no fueron a caer en la zona adecuada, solo están un poquito más allá de donde los privilegios comienzan.

Más allá de esas vallas, dentro de los lentiscos, enterradas en la arena, ocultas a los ojos de todos salvo de los que saben mirar, muchas otras Pepas y muchas otras Pacas aguardan también. Pero esto no lo saben Pepa y Paca, tampoco se apenarían por ellas si lo supieran, ellas no nacieron con la facultad de la empatía, igual que les pasa a algunos seres humanos, que carecen de empatía por sus congéneres; otros carecen incluso de empatía por su entorno y deambulan por aquellos maravillosos parajes con desidia y desgana, sin ser conscientes del valor de las maravillas que los rodea.

Muchos son los que advierten su presencia todos los días allí, a pocos pasos de su camino diario. Jornada tras jornada esperan Pepa y Paca que esos ojos que las miran sean los de quien las haga por fin su sueño realizarse. Pero ellas no saben que esperan en vano, no saben que no hay nadie cuyo trabajo consista en hacer lo que no hace nadie, no saben, porque nadie les contó,…

Pepa y Paca, botellas de cristal abandonadas

Aquí tenéis a Pepa y Paca debajo de su pino

que la vida de una botella de cristal en los bosques de Doñana puede ser enormemente larga y dura.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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