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Espátula con joven demandando comida

Reproducción de verano

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Después de una extraña primavera, el verano se nos echa encima de repente, las temperaturas han subido hasta superar con facilidad los 30º a partir del mediodía y no bajan de los 20º durante la mañana. Atravesamos el Puente del Ajolí con las primeras luces del día, el agua todavía corre por debajo, perdiéndose por detrás de los alamos blancos que bordean el pequeño arroyo. Las huellas del lince que vino a beber la noche anterior nos hacen aumentar las expectativas de encontrarnos con el. Una familia de gallinetas con 3 jóvenes corretean sobre el agua alertadas por nuestra llegada. Los ruiseñores todavía cantan activamente escondidos en al densa vegetación y nos paramos a disfrutar de sus potentes melodías. Un cuco se posa en un árbol cercano pero no nos regala su canto antes de marcharse al sentirse observado. Grupos de rabilargos y conejos saltan a ambos lados del camino, aprovechando el frescor de la mañana para alimentarse.

Ratonero posado en el suelo con la cabeza girada hacia el observador

Las serpientes de Doñana, que el tiempo revuelto ha mantenido ocultas, se pasean ahora felices y nos dejan a menudo sus rastros en la arena de los caminos que atraviesan bosques y alcornocales. Las perdices por fin alimentan a sus polluelos, aunque con un mes de retraso, y se escoden debajo de los lentiscos a nuestro paso. Jóvenes volantones de jilguero y verdecillo se alimentan en los claros del bosque, observados desde su posadero por los ya crecidos juveniles de ratonero y milano negro.

Lince ibérico sentado

Las huellas del lince ibérico también aparecen claras en la arena húmeda por el rocío la mañana, atraviesan el camino delante nuestra y se pierden entre la densa vegetación de lo más profundo del bosque. A veces encontramos también rastros de huellas en miniatura de los pequeños lincecitos que ya campean con su madre y comienzan a aprender sus técnicas de caza. También nos encontramos con un grupo de “cazadores de lince” semiescondidos junto a los lentiscos. Los vemos a menudo, entran temprano con el objetivo de lograr el avistamiento y para ello se pasean con demasiada libertad por la zona o hacen esperas de varias horas, produciendo molestias poco asumibles para una especie en peligro de extinción. Está de moda el avistamiento de mamíferos y no estamos sabiendo informar, educar y controlar debidamente este tipo de turismo. Un poco más tarde tendremos la suerte nosotros de tropezarnos con un fornido macho descansando justo detrás de la valla junto al camino. Un par de fotos que le agradecemos y lo dejamos tranquilo con sus pensamientos.

Las larvas de hormiga león ya deben tener un buen tamaño, a juzgar por los más de 5 cms de diámetro que ya alcanzan todos los embudos-trampa que cubren las zonas menos transitadas de los caminos bajo los pinos. Nos encontramos a un pequeño escarabajo atrapado en una de ellas, y aprendemos que las grandes larvas ya tienen fuerza suficiente para atrapara a insectos mayores. Pronto veremos volar los primeros adultos.

Sol saliendo detrás de los árboles en un pinar

Los chochines, verderones, zarceros comunes, agateadores, pinzones, carboneros, herrerillos, totovías y currucas cabecinegras aún se dejan oír por todo el bosque. Los abejarucos, mucho más silenciosos, los observan desde su posadero en las ramas altas de algún árbol muerto. Los alcaudones continuan alimentando a sus ya crecidos pollos y tuercen la cabeza para observar los pequeños grupos de espátulas que provienen de la colonia cercan a El Rocío. Grandes lirios y espuelas de caballero ayudan a jaguarzos y clavellinas a colorear un poco los ya agostados herbazales. La olorosa manzanilla abre sus flores ahora más temprano en estos últimos días de la primavera antes que el abrasador calor del verano ponga fin a su ciclo anual.

Garcilla bueyera posada sobre el lomo de una cierva

En los alcornocales, cientos de milanos jóvenes surcan los cielos en cuanto se levanta un poco el sol, acompañados de algunas águilas calzadas, en busca de algún bocado fácil. Pronto, cuando se haga más difícil encontrarlo con la llegada del verano, nos dejarán para buscar alimento en los vertederos cercanos a la ruta migratoria que los llevará de vuelta a África. En la vera, altos herbazales ocultan a las ciervas con sus ya crecidas crías, aunque a menudo son delatadas por las garcillas que usan sus espaldas como posadero. Las últimas manchas viran al amarillo muy rápidamente estos días de calor.

Familias de golondrinas dáuricas todavía descansan en sus nidos bajo los puentes del camino que nos conduce a las marismas y revolotean sobre el land rover a nuestro paso. Los jóvenes de tarabilla nos saludan desde lo alto de los tarajes que lo bordean. Los primeros moritos y garcetas, escondidos entre la castañuela que todavía crece verde en los últimos charcos de la vera, se levantan y van a posarse junto un grupo de cigüeñas y garzas reales que se alimentan en el siguiente charco. Una liebre se mueve tranquila entre los almajos cercanos.

Charca en la marisma seca

Las marismas, que habían acumulado una gran cantidad de agua con las lluvias tardías de este año, comienzan a secarse muy rápidamente con la subida de las temperaturas, aunque aun conservan grandes zonas encharcadas y una gran actividad de aves de todo tipo. Garzas reales, garcetas comunes, moritos, martinetes y garcillas cangrejeras se alimentan semiocultas entre la vegetación aun verde de las charcas. A lo lejos una gran extensión amarillenta de marismas cubiertas de pasto seco comienza a extenderse rápidamente. Grandes manadas de yeguas y vacas pastan entre las zonas aún húmedas, acompañadas de grandes bandos de garcillas bueyeras.

 

Abundan los jóvenes de lavandera boyera, terreras y cogujadas. Oímos el característico canto de las canasteras, que sobrevuelan la llanura protegiendo sus colonias de cría. El canto aún más lejano de las gangas ibéricas nos hace girar la cabeza, justo a tiempo para verlas llegar y ocultarse entre la vegetación, a varias cientos de metros de nosotros. Las calandrias y terreras ya deben estar terminando de criar a sus pollos, dedicando su tiempo a esto y no ya tanto a alardear de sus habilidades cantoras. Grupos de espátulas procedentes de la pajarera cercana a El Rocío alimentan a sus crecidos pollos en las charcas junto a las yeguas.

Marisma verde con espátulas y caballos

Al acercarnos al Caño Guadiamar, donde queda aún buena profundidad de agua, la actividad es incesante. Moritos, garzas, garcetas, garcillas, fumareles y otras ave acuáticas nos sobrevuelan constantemente. Todos alimentan aún a sus pollos, de nuevo, igual que pasara con las perdices, las colonias de cría están aun siendo atendidas un mes más tarde de lo habitual. Fochas, calamones, zampullines, somormujos y porrones trabajan también duro para atender a sus polladas.

 

Los avetorillos cantan escondidos entre los tarajes, y se dejan ver de vez en cuando en vuelo para ir a esconderse de nuevo entre los carrizos. Un gran número de carriceros comunes y tordales juegan un papel principal todavía en la banda sonora del lugar. Durante la época de cría los somormujos piden paso también como protagonistas destacados en el montaje musical. Durante la mayor parte del año son aves silenciosas, apenas se los oye, sus cortejos nupciales son muy visuales pero apenas emiten sonido alguno. Pero todo cambia cuando sus pollos ya están crecidos y comienzan a tener cierta autonomía; durante varias semanas los ajetreados padres no dan abasto alimentándolos y no dejan de decirles lo que pueden y lo que no pueden hacer a base de estridentes gritos mezcla de pato y garza. A ellos hay sumar los graznidos de los pollos, tranquilizando a sus padres haciéndoles saber que no andan lejos. Una absoluta algarabía de sonidos entre juncos y eneas que acompaña bien a la algarabía voladora que se cierne sobre nuestras cabezas.

 

A lo largo del Caño Guadiamar se distribuyen muchos miles de parejas de ardéidos repartidos en distintas pajareras construidas sobre los tarajes. Milanos negros, águilas calzadas y aguiluchos laguneros las sobrevuelan en busca de algún bocado fácil. Por el contrario, el águila culebrera que suele estar posada en uno de los postes eléctricos no esta interesada en los pollos de las garzas, sino en alguna serpiente descuidada que campee feliz por el aumento de las temperatura entre los recién cosechados campos de cereal cercanos.

Marisma con juncos y arboles a lo lejos

Durante nuestra parada habitual en el Centro de Visitantes de José Antonio Valverde, tenemos la oportunidad de disfrutar de las excelente vistas que este año nos ofrecen de nuevos los miles de moritos y garzas imperiales que han vuelto a utilizar el denso eneal de las lagunas adyacentes para criar. Los ya crecidos pollos esperan con impaciencia la llegada de sus padres y cuando esto ocurre se lanzan desesperados sobre ellos para ser los primeros en degustar los manjares que estos les traen. Minúsculos pollitos de zampullín chico hacen lo propio pero de una manera mucho más discreta.

Un principio de verano este que continuará ofreciendo a aquellos que nos visitéis estupendas oportunidades para disfrutar de la exuberante naturaleza de Doñana.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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