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Cabeza de búho chico

Temblad ratones

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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No envidio la suerte de los ratones y otros pequeños roedores ahora cuando los fríos se apoderan de nuestros bosques y marismas. Si tienen la poca suerte de vivir en nuestros pinares y alcornocales, tendrán que que ir con pies de plomo cuando salgan después del atardecer porque allí es donde acecha el cárabo. No son nada fáciles de ver, pero su ulular lastimero destaca entre todos los demás sonidos de la noche. Sus ojos oscuros asustan pero su cuerpo robusto con una gran cabezota redonda anima a achucharlos con cariño. 

 

Cárabo posado en un poste

Cárabo

A diferencia de otros búhos, carece de orejas, pero no de oido; estos se localizan en realidad detrás de los ojos, en el disco facial, la corona de plumas que domina la cara y que amplifica los sonidos recibidos y los dirige hacia sus oídos. Además tienen la peculiaridad de que se sitúan de manera asimétrica, el derecho está más retrasado, más alejado del ojo, que el izquierdo; de esta manera el sonido llega con un desfase temporal ligero, lo que permite a los estrigiformes triangular los sonidos y ubicar mejor a la presa. 

Búho campestre

Búho campestre

Ratonzuelo, si vives en la vera, al borde de la marisma, más vale que salgas de paseo bien tarde, porque antes del atardecer acecha ya ahí afuera el búho campestre, una de nuestras aves nocturnas más grandes. Sólo el búho real le hace sombra en Doñana, pero siendo estos tan escasos se los puede considerar a ellos los reyes del ocaso. Salen a cazar cuando la luz afloja y tanto pequeños pájaros como roedores están en su punto de mira. Su vuelo a ras de suelo al atardecer es todo un espectáculo de la naturaleza que ya podemos disfrutar en Doñana. Mientras vuelan su cabeza escudriña sin parar entre los arbustos sin verse afectada por los movimientos del resto de su cuerpo.

Lechuza común posada sobre un poste

Lechuza común

Ay de ti ratón casero si te fuiste a vivir a El Rocío porque allí salen los fantasmas por la noche y caerán sobre ti cuando menos te lo esperes. Pero si eres un topillo, un ratón campestre o una musaraña y tienes la poca fortuna de pasearte en los territorios de la lechuza común cercanos a alguna casa abandonada, o has huido de las inundaciones invernales hacia su escondite en algún taraje, tienes los días contados. De día descansan, pero de noche salen de caza y son implacables y certeras. Como todos sus parientes, poseen tres párpados para proteger adecuadamente sus ojos, el superior es para parpadear, y el de abajo para dormir, el tercer párpado se llama membrana nictitante y se cierra desde el lateral del ojo con el fin de mantenerlos limpios. Su típica cabeza acorazonada y su blanco plumaje destacan sobre la oscuridad de la noche y sus 17 tipos distintos de llamadas, algunas copiadas de los fantasmas con los que la comparten, no la ayudan a mejorar su fama de mal agüero.

Mochuelo posado

Mochuelo

Bichos, bichejos, sabandijas y otras criaturas reptantes, no estaréis seguros ni durante el día si os tocó en suerte compartir campo con los pequeños pero listos mochuelos. Después de que sale el sol o antes de que se pone, observan con atención sus territorios de caza desde sus posaderos preferidos. Sus cabezas giran sin parar adelante y atrás en ángulos imposibles. Sus 14 vértebras, 7 más que nosotros, aseguran que no les entre tortícolis después ejecutar angulos de hasta 270º. Sus ojos amarillos te miran más abiertos de lo que uno se pudiera imaginar que se puedan abrir unos ojos. Si oyes un maullido al atardecer no mires al suelo buscando un gato.

Búho chico posado en un árbol

Búho chico

El búho chico es solitario y escurridizo. Si los quieres ver no lo encontrarás. Caza de noche y descansa de día, bien escondido en algún taraje al borde de la marisma. Sus largas orejas no le ayudan a oír mejor, como ya vimos antes, sino que le sirven para mostrar su estado de ánimo y romper la redondez de su silueta. Este que hemos encontrado hoy bien escondido no parecía estar de buen ánimo. Como todos sus congéneres y parientes, se comerá de un solo bocado a los ratoncillos que capture. Estos ni se enteraran de que venía, los bordes desflecados de sus plumas hacen que el flujo de aire se descomponga en innumerables remolinos, pequeños y silenciosos. Tampoco sufrirán, de un solo picotazo subirán al cielo de los ratones en un instante.

Autillo escondido en un árbol

No queremos olvidarnos del pequeño autillo, aunque estos prefieren las cálidas noches del Africa subtropical para pasar el invierno y raramente nos visitan en primavera, ya que se sienten más a gusto en las zonas de cultivo y los parque y jardines de nuestras ciudades. Su silbido corto y repetitivo es inconfundible.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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