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Marisma de El Rocío con la ermita al fondo en una mañana nublada

Esperanza en tiempos difíciles

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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Las Marismas de El Rocío continúan componiendo cada día una postal perfecta, con la inestimable complicidad de su ermita. Ya sea con las nubes grises de la mañana entre las que se cuelan los templados rayos de sol, o con los azules cielos del mediodía que aviva los colores y alegra los corazones, Doñana se muestra optimista.

Marisma bajo un cielo azul y nubes blancas

Más golondrinas y aviones comunes de los habituales las sobrevuelan. Este invierno los acompañan ademas un inusual número de aviones raqueros que, quizás empujados por los fríos recientes, han decidido disfrutar también de los encantos de las tierras bajas. Grandes bandos de flamencos, grupos de espátulas, garzas, cigüeñas, ánades, cercetas y agujas se alimentan en sus aguas someras. Un enorme batallón de fochas descansa cerca de la orilla, muy pegadas unas a otras, y sin mascarilla. Ánsares, moritos, calamones, pechiazules y ruiseñores bastardos se unen también a la gran reunión de especies que se concentran ahora en La Madre.

Bando de fochas y flamencos en la marisma

En el pinar, la vida de sus habitantes discurre también plácidamente. Los verdes prados comienzan a decorarse con las primeras flores, las que no están dispuestas a esperar al calendario oficial para alardear de sus encantos. Las abubillas ya pregonan la llegada de la primavera con sus repetitivos cantos. En algún lugar escondido, los machos de lince cortejan a sus hembras, ronroneándoles poemas de amor.

Camino recto atravesando el pinar bajo un cielo azul

En Matasgordas, los alcornoques cubren sus copas de racimos de flores amarillentas, atrayendo a toda una cohorte de ayudantes alados que zumban a su alrededor esparciendo su polen por doquier. Tiempo de relax ahora para los ciervos, que pastan tranquilos en la verde vera invernal. Un joven de águila imperial ibérica contempla su cazadero desde su posadero en la valla ganadera.

Zona encharcada en el Caño Guadiamar

La suavización de las temperaturas y las lluvias que nos visitan a menudo alegran a muchos, aunque este año estamos aun lejos de alcanzar los niveles necesarios para que la marisma se llene adecuadamente. Algunos charcos aquí y allá rompen la monotonía de una llanura que contenta a calandrias y terreras marismeñas pero no a garcetas y patos. En el Caño Guadiamar solo hay algunas zonas encharcadas, apenas suficiente para que encuentren cobijo algunas garzas, calamones y avetoros.

Un avetoro se asoma entre la vegetación acuática seca

Alrededor del Centro de Visitantes de José Antonio Valverde, que ahora abre solo por las mañanas, se concentra también un gran número de aves. Grandes bandos de pato cuchara descansan tranquilos sobre las calmadas aguas. Tranquilidad rota de vez en cuando por el vuelo bajo de algún aguilucho lagunero. Una lechuza común contempla con desidia el espectáculo desde su posadero en un taraje y un pequeño grupo de grullas lo sobrevuela camino de sus campos de alimentación al norte del Parque. Ten en cuenta si vienes por aquí que la cafetería está cerrado temporalmente.

Aguila imperial joven en vuelo

Otra águila imperial nos sobrevuela camino de Lucio del Lobo, donde el agua solo ha conseguido acumularse en pequeños charcos. Bandos de alondras se levantan a nuestro paso en los campos de cereal cercanos y una pequeña curruca rabilarga salta entre los almajos junto al camino. Ratoneros, milanos reales, cernícalos comunes y cuervos  hacen buen uso de postes y cables eléctricos que corren paralelos a nuestra trayectoria.  Para nosotros ya es hora de darnos la vuelta y despedirnos de Doñana hasta una próxima ocasión que esperemos no tarde mucho en llegar.

Mientras tanto el Parque Nacional de Doñana transitará en calma estos tiempos difíciles. Alejado del ensordecedor ruido, sus pequeñas tragedias diarias pasarán desapercibidas, aplastadas por los inéditos y funestos eventos que nos rodean. Ajeno a desgracias humanas, sus paisajes nos seguirán sin duda alumbrando el alma, prometiéndonos un futuro próximo lleno de belleza y certeza.

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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