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Jóvenes aunque suficientemente preparadas

Por José Antonio Sánchez Iglesias

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En julio, un ejército de aves jóvenes aunque suficientemente preparadas colonizan los cielos, los bosques y las marismas de Doñana. Las águilas imperiales inmaduras comienzan sus primeros vuelos de planeo en las cercanías de su zona de nacimiento. Tardarán aún varios meses en hacerse independientes, por lo que comienza un periodo de aprendizaje y conocimiento de su entorno durante el cual no es raro verlos sobrevolando nuestras marismas.

Joven de calandria entre las hierbas secas

En comparación con estas, mucho más pegaditas al suelo se mueven las calandrias, pequeña ave marismeña cuyos pollos comienzan también a independizarse ahora. Se les puede ver en pequeños grupos alimentándose entre los almajos de la marisma seca. Su aspecto robusto y compacto contrasta con habilidades cantoras que no tienen rival en las marismas, aunque no podremos volver a disfrutar de él hasta el próximo invierno tardío.

 

Las vallas que circundan las marismas son excelentes posaderos para un buen número de aves que se reproducen en estos ambientes amplios y duros. Las tarabillas comunes de cría tardía, cuyos pollos de grandes patas y negros ojos redondos te miran con candidez, parecen muy indefensos ante los peligros que acechan. No se alejarán mucho del taraje donde nacieron y mantendrán controlado al joven alcaudón común cuya mirada, mucho más segura y desafiante se dirige sin embargo principalmente hacia el suelo. Allí encontrará la mayoría de sus presas, que consisten fundamentalmente en insectos medianos y alguna lagartijilla desprevenida.

 

El mes comenzó con el avistamiento de un joven de collalba gris que alternaba el alambre superior de la valla con el suelo entre los almajos cercanos, mostrando claramente mientras volaba su gran zona blanca de la cola. No vino de lejos, probablemente sólo tardó un rato en volar desde la zona donde nació, pero le espera un largo y azaroso viaje hasta sus cuarteles de invierno en el África subsahariana. Ella tampoco quitaba ojo del pollo volantón de cernícalo común que nos miraba con ojos inexpertos y cara juguetona desde su posadero en el poste. Ya ha conocido humano, pensé, las anillas que decoran sus patas lo atestiguan. Probablemente nos dejará cuando se sienta lo suficientemente fuerte y seguro, pero si la vida le sonríe lo volveremos a ver la primavera que viene, no será difícil identificarlo.

Adulto y pollo de flamenco

Los oasis en los que se han convertido los reductos de agua que aun se mantienen en la marisma nos ofrece otros dos buenos ejemplos de aves que tienen toda una vida por delante y que saben todo lo que necesitan saber para disfrutarla. Un pollo de flamenco de tan solo un par de meses de vida aun persigue a su padre caminando a través de las aguas someras. Este le mostrará dónde están los mejores comederos y terminará de pulir sus habilidades; eso aumentará sus opciones de llegar a ver las maravillas que le aguardan en Doñana cuando vuelva a alimentarse en sus marismas la próxima primavera.

Pájaro moscón joven posado sobre una caña

Desde su posadero en un carrizo cercano, un joven de pájaro moscón mira con curiosidad a su alrededor. Se puede oír el silbido que sus padres emiten para que no pierda contacto con ellos y para animar a sus hermanos a salir de la bola acolchada de semillas en la que han nacido. La primavera que viene el construirá su propio nido en algún taraje de la marisma de Doñana sin que sus padres hayan tenido que enseñarle cómo hacerlo.

Juvenil de críalo

Otro bien preparado jovencito nos regala todo el repertorio de posturas que sabe adoptar mientras permanece posado sobre al alambre. Se trata de un críalo, criado por alguna pareja de urracas cercanas, esté no ha tenido ni la más mínima oportunidad de aprender nada de sus padres. De hecho ni los ha conocido, estos abandonaron sus huevos al cuidado de otros y confiaron su cria a quienes no tenían nada que enseñarle. Tendrá que confiar en su fuerte instinto para saber qué tiene que comer y a dónde tiene que volar para seguir encontrando esa comida. Pasará el próximo invierno en el África subtropical.

 

Ya de vuelta en el bosque nos topamos con toda una banda de perdigones acompañados por su madre. No tienen más de 4 o 5 semanas, pero ya son capaces de seguir el vuelo de su madre ante cualquier imprevisto o peligro potencial. Se mueven siempre cerca de herbazales altos o arbustos frondosos, serán su salvación ante la aparición  de algún predador.  El ataque a menudo viene de arriba y suele significar la reducción de integrantes del numeroso grupo. Lógico es por tanto que las polladas de perdiz consten de 10 – 12 pollos.

Este joven e inexperto milano negro estará pronto en disposición de poner en funcionamiento la selección natural con el grupo de perdices, pero todavía tiene que fortalecer sus músculos alares para comenzar a intentarlo. Sus padres le siguen trayendo comida a su nido en lo alto del pino, pero pronto estará listo para explorar los alrededores. Y pronto también se unirá a otros de su especie para preparar el primer gran viaje de su vida a tierras africanas.

Jilguero joven posado sobre un cardo

No tan colorido como sus padres, un joven jilguero se mueve con nerviosismo en su posadero sobre un cardo. Sus hermanos no andan lejos, todavía siguen a sus padres allá donde estos van, de esa manera estos se aseguran que comen las mejores semillas para asegurar el antifaz más rojo y el amarillo más intenso en las plumas y el canto más melódico. De ello dependerá en gran medida que la primavera que viene consigan transmitir sus genes a futuras generaciones.

Abejaruco sobre un poste

Justo antes de salir del Parque, nos topamos con otro enorme regalo de la naturaleza. Un joven abejaruco nos regala toda una exhibición de color mientras no deja de vigilar el espacio sobre su cabeza. Sus padres andan cerca y quizás algún predador también. Su nido está a pocos metros de él, construido sobre el pequeño bancal que delimita nuestro camino en la arena. Es fruto de la ausencia de actividad humana en la zona durante los últimos meses. Sus cantos aflautados sonaran allí arriba alto en el cielo, mientras grandes grupos de ellos emprenden un largo viaje hacia el sur lleno de peligros. Los echaremos mucho de menos y esperaremos con impaciencia su regreso para llenar nuestros bosques de color como ningún otro sabe hacerlo.

 

About José Antonio Sánchez Iglesias

José Antonio Sánchez se licenció en Biología por la Universidad de Sevilla en 1985. Más tarde, durante varios años, se dedicó a organizar y guiar rutas de senderismo y naturaleza ...

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